¡Que mal estamos que cada vez son más las voces de pacientes y profesionales de la salud que reclaman la humanización de la medicina! ¡Pensaba que la medicina estaba claro que es una de las humanidades más científicas o una de las ciencias más humanas!

No sé si la tecnificación de la medicina es una escusa, o la masificación de los servicios y su planificación al margen de los pacientes es la culpable. La realidad es que si los pacientes pudieran opinar deberíamos cambiar mucho de lo que estamos haciendo.

Hace unos años me marcó leer las palabras de la escritora Imma Monsó en su novela “Un hombre de palabra”. La novela relata la experiencia verídica de la escritora en el trascurso de la enfermedad y muerte de su propio marido. En uno de los capítulos la novelista describe y puede reconocerse nuestro centro en la Avenida Tibidabo. La autora lo describe como “una casa donde se dictan sentencias”. Reconocerlo sin nombrarlo explícitamente me resultó chocante y crudo pero es real.

En un centro de diagnóstico llegan los pacientes con alguna sintomatología y alguna sospecha o incluso simplemente por prevención y muchas veces salen con un diagnóstico que marcará sus vidas. Son tantos los planes que hemos visto truncados y cambios radicales en las vidas de las personas…

En alguna ocasión somos testigos de este mismo doble salto mortal en la vida de nuestros familiares o amigos. Realmente son momentos en los que irrumpimos en la intimidad de la vida de personas a quienes apenas conocemos y que deberíamos estar preparados para aportar algo más que un mero diagnóstico.

Masificados los servicios y acostumbrados a recordar más las enfermedades que las caras de los pacientes, no me extraña que nos puedan llegar a ver de esta manera tan cruda. El acceso universal y el consumo de servicios de salud tienen esa vertiente peligrosa.

Siempre me gusta recordar a mis pacientes por su nombre e intento acordarme de sus vidas, esas que interrumpimos abruptamente con un diagnóstico. Sé que ellos también nos recuerdan, son momentos inolvidables. Es por eso que acompañar en el proceso del diagnóstico y tener en cuenta sus miedos me parece tan imprescindible como la tecnología que utilizamos.

La comunicación y la empatía con el paciente son las asignaturas pendientes del pasado y las supercompetencias del futuro. De nada nos sirven brillantes diagnósticos sin herramientas de comunicación que nos permitan seguir dando a la vez que un diagnóstico o un tratamiento, consuelo y soporte a cualquiera que sufre por su salud.

 Escuchar al paciente es la primera herramienta de curación que dispone un profesional de la salud y en el diagnóstico es el primer paso para que éste sea preciso y brillante.

Empatizar con el paciente requiere tiempo, de lo contrario ponemos una barrera donde simplemente vemos una lista de pacientes con unos tiempos a cumplir en la agenda. Y he aquí que de repente nos damos cuenta que hay que humanizar los servicios médicos.

Tratar personas y no enfermedades. Tratar al paciente como si fuera de nuestra familia es el mejor método de garantizar ese trato humano y ponerse en su piel. Quizás basta con el sentido común pero herramientas como la inteligencia emocional, el coaching o la PNL quizás nos puedan ayudar.

No quiero olvidarme de la parte humana del profesional de la salud y como el día a día afecta a sus emociones. Recuerda que un médico es tan humano como tú.

Si trabajas en un centro de diagnóstico te invito a ponerte en la piel de nuestros pacientes. Aquellos que esperan nuestros diagnósticos con una mezcla de esperanza y miedo que no debemos apartar de nuestra mirada. Recuerda que una simple sonrisa, una caricia o una palabra pueden dulcificar su experiencia y su paso por nuestros servicios. Quizás el peor día de sus vidas puede llegar a ser recordado con cariño, de ti depende.

Os dejo con un proyecto precioso para humanizar los procesos de las Unidades de Cuidados Intensivos. Un gran proyecto que impulsa Gabi Heras, un médico especialista en cuidados intensivos. Felicidades Gabi!