El miedo ante lo que desconocemos es algo común en las personas y que angustia enormemente a los pacientes cuando acuden a cualquier proceso asistencial. Si el procedimiento tiene que ver con agujas se desatan los temores más irracionales y puedes encontrarte en la consulta con alguien con el corazón desbocado, cuyas palpitaciones puedes llegar a escuchar.

En las ocasiones en que, la realización de una biopsia se trata de un mero trámite para verificar que la lesión es benigna, el miedo puede ser puramente miedo al dolor de la punción.  Por contra, si hay una sospecha de malignidad las emociones se suman a miedo provocando un momento de alta tensión.

Siempre me gusta empezar cualquier punción tranquilizando a los pacientes y asegurando que no suele ser un proceso doloroso y que vamos a utilizar la anestesia para mitigar cualquier posible dolor. La anestesia ha supuesto uno de los grandes avances de la historia de la medicina junto con la antisepsia.

Dependerá del grosor de la aguja el que utilicemos la anestesia o no. En procedimientos con aguja fina (PAAF) no vale la pena utilizar la anestesia puesto que la aguja es similar a la utilizada para la anestesia por lo que en un solo procedimiento ya tendremos la muestra. En agujas gruesas o agujas de gran calibre siempre utilizamos anestesia local. El anestésico local es un fármaco que los pacientes conocen por su uso generalizado en odontología.

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Distintos tipos de agujas para biopsia.

A pesar de que la gran mayoría de los pacientes (creo que más del 90%) al acabar el procedimiento lo califican como poco doloroso o soportable una minoría de pacientes lo etiquetan de doloroso. Mi experiencia de más de dos décadas con el intervencionismo guiado por imagen me ha llevado a poder predecir cuales pacientes van a sentir más dolor. El 100% de estos pacientes  demuestran en todo el procedimiento niveles muy elevados de ansiedad. El dolor es un síntoma subjetivo difícil de valorar a pesar de que existen métodos como las escalas EVA o de calidad de vida. No obstante, cuando utilizas el mismo procedimiento con las mismas herramientas, la misma anestesia y tus mismas manos es fácil ver que los resultados mayoritariamente son los mismos, exceptuando esos casos minoritarios. ¿Si el dolor puede amplificarse con la emoción podemos dominarlo? Seguro que en parte sí.

La pasada semana llegaba a mis manos un libro de un neurólogo especialista en el dolor del H. Universitario de Bellvitge, el Dr. Jordi Montero. El título desde el principio me llevó a pensar que me iba a gustar: “Permiso para quejarse. Lo que el dolor cuenta de ti”. A pesar de que me gusta bastante la lectura, hacía tiempo que me costaba encontrar el momento para leer un libro pero parece que había llegado el día de disfrutar de la lectura. En un sólo fin de semana devoraba sus páginas sintiendo que parte de las vivencias del galeno se parecían a las que mi experiencia me había llevado a aprender. El libro es una sucesión de casos reales trufado de explicaciones científicas respecto a las funciones del cerebro, las neuronas y los mecanismos que sustentan el dolor. En sus páginas puede confirmar mis sospecha y ver el mecanismo neuronal que permite amplificar la sensación del dolor en función del estado emocional de los pacientes. En el libro existe también una explicación respecto a la sensación de dolor y las agujas. En el texto el prestigioso neurólogo deja entrever la importancia de atender y entender al paciente en sus 360 grados valorando no solo sus síntomas y sus signos sino su nivel emocional y su entorno pisco-social para llegar a un adecuado diagnóstico y por tanto a un eficiente tratamiento. El libro me ha llevado a descubrir en este especialista un gran humanista a la vez que un excelente profesional.

El procedimiento de una punción guiada por imagen (ecografía, escáner, radiología, mamografía  o resonancia magnética) se caracteriza por ser un procedimiento bastante técnico donde el radiólogo muchas veces debe mantener su mirada en la pantalla pudiendo caer en el error de olvidarse del paciente. A mí me gusta formar equipo con la auxiliar de ecografía y con los técnicos de manera que podamos tener siempre un contacto físico con el paciente e intentar calmar esa ansiedad o distraer al paciente.

Nos hemos acostumbrado a convivir con ejercicios de relajación, utilizar un tono de voz relajado en nuestra conversación con el paciente o mantener conversaciones banales de distracción que no permiten que el paciente se sienta aislado y pueda escuchar las señales de miedo que su cerebro está emitiendo.

A cambio de esa atención conjugando humanidad y pericia técnica nuestro equipo recibe innumerables halagos y no menos cajas de bombones que hemos de repartir con el resto de compañeros del centro para no perjudicar nuestra salud con un mayor sobrepeso.

Esta misma tarde recibía una llamada de una paciente a la que diagnostiqué un cáncer de mama hace algo más de un año en un momento en que su vida había dejado de tener valor para ella. Hoy esa paciente me ha llamado para contarme su tratamiento, sus ganas de conservar no solo su vida si no su mama, pedirme que no cambie mi forma de trabajar y agradecerme la manera en que la atendí. Este, sin duda alguna es el mejor pago que puedo tener por mi trabajo.

Si estás leyendo este post pensando el miedo que te produce tu biopsia próxima te aconsejo practicar algún ejercicio de relajación para poner en marcha en la sala de la biopsia. Piensa en algún sitio que te guste mucho, traslada tu mente a ese lugar o momento que te haga sentirte en paz. Igualmente no dudes en pedir que alguien te de la mano en esos momentos. ¡Verás que bien funciona!