A estas alturas de la vida, uno ya sabe que la felicidad es aquel momento en el que algo te permite ser feliz en una parcela de tu vida, obviando por un instante todos aquellos otros aspectos  que nos preocupan.

Esta semana la visita de una paciente para dar señales de vida nos llenó de felicidad. Si alguien sigue habitualmente este blog recordará mi desazón hace unos pocos meses al tener que diagnosticar un cáncer de mama a una persona muy joven residente en Barcelona pero de origen y lengua extranjera. En ese momento la ayudé a ponerse en contacto con su hospital de referencia para iniciar el tratamiento de inmediato.

Hace unos días me preguntaba cómo estaría y justo esta semana reapareció en mi vida. Llegó con una preciosa tarjeta de agradecimiento llena de palabras bonitas.

Al encontrarnos, nos abrazamos y ahí empezó mi felicidad. Las noticias eran buenas. Estaba a mitad de su quimioterapia y el tumor reducía su tamaño. Se encontraba bien y se alegraba de haber decidido quedarse en Barcelona para realizar su tratamiento. Me mostró su peluca que sustituía con gran realismo su larguísima melena, una de sus grandes preocupaciones cuando conoció su diagnóstico. Todo iba según los pronósticos y afrontaba con espíritu positivo su tratamiento.

En fin no tengo más palabras para describirlo. ¡La situación fue de felicidad extrema tanto para mi equipo como para mí!