Hoy María  ha llegado nerviosa a la consulta. En unas horas entra en quirófano. Hoy tienen que extirparle una lesión en el pecho y no ha dormido en toda la noche. Yo, al igual que ella, también he estado pensando en cómo localizar su lesión con precisión, porque no siempre es fácil.
La recibo y me pregunta con miedo: «¿Me va a doler?”. Yo le explico que no mucho, pero aún así sigue estando nerviosa. Y no me extraña. Eso de un arpón suena tremendo.
Muchas de vosotras os estaréis preguntando qué es eso de un arpón. Intentemos explicarlo. Un arpón no es más que un fino alambre con una punta en forma de anzuelo que se ancla en la lesión a extirpar. De esta manera el cirujano recorta alrededor y se asegura de haber extirpado la lesión de forma muy precisa y llevándose la mínima cantidad de tejido sano. No ponemos ni anestesia por lo fino de la aguja. Anestesiar ya duele lo mismo y no vale la pena.
De vez en cuando solemos decir que deberíamos cambiarle el nombre y llamarlo marcador, pero su nombre es tan descriptivo que es imposible modificarlo.
Al final, María me dice que casi no le ha molestado. Parece que va a doler pero no molesta, no pincha. Ahora solo nos queda una mamografía que servirá para que el cirujano sepa dónde está anclado el arpón.
La imagen del arpón clavado en la lesión nos deja muy contentas. Hemos sido muy precisos.
Han sido unos minutos pero significa que la cuenta atrás para el quirófano ha empezado. En unas horas todo habrá pasado. Intentamos transmitir tranquilidad y cariño, son básicos para este momento.
María ya se puede marchar. “Buena suerte María. Ya mañana todo habrá pasado.”. le digo con una sonrisa. El equipo también se siente aliviado y satisfecho después de momentos de tensión. ¡Nos ha quedado perfecto! Ya podemos relajarnos.