Cuando te dedicas al diagnóstico del cáncer de mama tienes la oportunidad de conocer a muchas Supergirls, supermujeres supervivientes a esta enfermedad. Algunas de ellas te tocan más de cerca y puedes vivir en primera fila la vida de una Supergirl.

Mi Supergirl particular recibió su diagnóstico hace dos años. Desde entonces ha pasado por una quimioterapia neoadyuvante, una mastectomía con vaciamiento ganglionar de la axila y una radioterapia. La respuesta al tratamiento fue excelente y esas buenas noticias le permitieron sobrevivir a ese primer año con la esperanza de una curación definitiva. Había que estar contenta, era un caso difícil le decía todo el mundo.

Esta Supergirl pasó por los efectos de la quimioterapia sin apenas quejarse y trabajando casi hasta el último ciclo del tratamiento. La quimioterapia funcionó a la perfección haciendo desaparecer el tumor. Lo que llamamos una respuesta patológica completa al tratamiento. ¡Estaba chupado!

Al llegar el verano y terminar la quimioterapia vino la cirugía: una mastectomía y vaciamiento ganglionar axilar. Un nuevo reto y un nuevo éxito de esta Supergirl. Allí estaba ella, enfrentándose a su cuerpo apedazado y a la necesaria recuperación. En pocos días se enfrentaría a un nuevo reto.

Con el otoño llegó la radioterapia. Ya cansada de tanto tratamiento la Supergirl aguantó todas las sesiones y logró recuperarse a pesar de las secuelas. Su piel, muy sensible, necesitó su tiempo para recuperarse de una quemadura.

Un discreto linfedema en el brazo consecuencia de su cirugía le acompaña desde entonces pero ella, disciplinada y supermujer, no ha parado de hacer todo tipo de rehabilitación y drenajes. Son miles de horas de ejercicios en casa y una rutina que ha incorporado a su vida sin rechistar.

Cuando esta Supergirl acababa el tratamiento tuvo que enfrentarse al miedo que invade a toda mujer superviviente de cáncer. ¿Y ahora qué? ¿Estaré segura ahora que he dejado el tratamiento? Cada dolor de cabeza, cada lumbalgia, cualquier mínimo síntoma inocente es una vuelta al terror.

Pendiente le quedan tratamientos para reconstruir su cuerpo mutilado y para prevenir un nuevo cáncer. La vida le ha regalado una mutación genética BRCA1 que la etiqueta como paciente de alto riesgo y, debido a su joven edad, deberá eliminar riesgos.

A los seis meses de terminar el tratamiento y justo al año de su primera cirugía se enfrenta a una extirpación de los ovarios para evitar una recaída. No tiene hijos y esta decisión ha sido difícil de tomar. El postoperatorio en la planta de neonatos duele. Pero las Supergirls se supone que no lloran. ¿O sí?

Ahora, dos años después del inicio de su vida como Supergirl, ha llegado esta cirugía. Una mastectomía del pecho que le quedaba con despedida incluida y una reconstrucción que ha necesitado un colgajo de músculo dorsal ancho para alojar la prótesis de mama en la mama tratada. Medio cuerpo de nuevo apedazado con vuelta atrás de la movilidad de su brazo y su linfedema. Dolor, impotencia, rabia. Pero esta Supergirl no puede llorar. Supergirls don’t cry.

Le queda un pequeño retoque para reconstruir la parte del pezón, poca cosa pero un nuevo paso por el quirófano. De nuevo mi Supergirl lo superará.

Conozco miles de Supergirls, supermujeres anónimas que sobreviven al cáncer de mama. Parce que el haber salvado su vida es suficiente para que sonrían pero hemos de saber ponernos en su piel y veremos que la calidad de vida de estas mujeres merece un esfuerzo mayor.

No basta con salvar sus vidas ahora debemos encontrar como evitar el sufrimiento.

Y aquí la canción que me ha inspirado. Tras escucharla en el coche su estribillo me acompañaba mientras pensaba en ella. Ahí surgió este post.