Este es un nuevo reto para la seguridad del paciente en el servicio de radiología. En el centro del 80% de las decisiones médicas hay una imagen. Las imágenes médicas nacen con el objetivo de hacer una diagnóstico que permita restaurar la salud de los pacientes, no obstante, en ocasiones pueden llegar a ser más parte de un problema que una solución.

Un detalle hace la diferencia

En el curso del día a día de una unidad de diagnóstico, te enfrentas a otros estudios de imagen que aportan los pacientes y a peticiones médicas que se basan en estos estudios. En ocasiones te das cuenta de que un sutil detalle puede hacer que el proceso de diagnóstico sea algo tortuoso para el paciente y su médico referente.

La meticulosidad con la que obtenemos las imágenes y hacemos el informe pueden determinar un resultado u otro, de igual manera que el médico solicitante del estudio puede orientar la búsqueda de un diagnóstico o desorientarla si no aporta datos clínicos ni otra información adicional.

Radiología, un servicio central

El volumen de imágenes médicas que se solicitan crece exponencialmente cada año. Eso conlleva a la masificación de los servicios y a la banalización de los estudios de imagen médica. Sabemos que un 30% de los estudios de radiología solicitados son innecesarios. Esta sobrecarga de trabajo no permite dedicar tiempo a los estudios complejos, donde un buen análisis y diagnóstico puede tener relevancia para la salud y seguridad del paciente. 

Si queremos que nuestros estudios tengan valor debemos huir de la radiología del volumen y centrarnos en la radiología del valor. La diferencia entre una y otra, es el cuidado de los detalles. La inteligencia artificial puede ser una herramienta que nos aligere los procesos rutinarios, pero la diferencia será siempre el toque de un radiólogo humano.

Informar con seguridad, slow radiology

Cada informe que realizamos lleva detrás una gran complejidad de subprocesos. Hoy en día podemos obtener mejores diagnósticos cruzando los datos de las imágenes actuales con imágenes de estudios previos disponibles, registros clínicos electrónicos e incluso datos clínicos que podemos obtener al interrogar o explorar al paciente.

Lamentablemente, la sanidad y consecuentemente la radiología, han sufrido un proceso de industrialización, que conlleva una aceleración y deshumanización de los servicios. A pesar de la contribución que esto haya podido suponer al avance de la medicina, debemos evolucionar a modelos que equilibren el avance tecnológico con generar una calidad asistencial completa y personalizada, lo que podría llamarse una “slow medicine”, o en nuestro caso, “slow radiology” :). Esta herencia mecanizada aún es palpable en muchos servicios, donde se leen la imágenes con rapidez y muchas veces no hay tiempo para aderezar el informe con esos datos clínicos que requieren un mayor tiempo y dedicación para su obtención y análisis.  

Por otro lado, el informe de un estudio de imágenes médicas requiere cierta habilidad para retransmitir aquello que vemos en las imágenes a otros profesionales, que pocas veces tienen tiempo para ver las imágenes. Dependiendo de nuestra capacidad descriptiva y nuestro vocabulario, el lector del informe puede llegar a conclusiones diferentes. Es entonces, cuando el paciente puede acabar alargando su diagnóstico e incluso con cierto perjuicio para su salud. Es importante saber comunicar el diagnóstico, para lograr ser parte de esa medicina de precisión, medicina de solución.

Radiología como problema

Voy a poner algunos ejemplos donde me he encontrado que un estudio de imagen puede llegar a ser más un problema que una solución:

  • CASO PROBLEMA Nº 1 : 

Paciente que viene para biopsia de un nódulo mamario. Aporta estudios de ecografía donde se habla de un “nódulo conocido en mama izquierda compatible con fibroadenoma”. Las imágenes son de un nódulo circunscrito algo lobulado. Por otro lado, la petición habla de un nódulo de nueva aparición. En nuestro archivo hay una biopsia de hace 20 años por microcalcificaciones con resultado de benignidad. 

Las imágenes que aporta no generan mucha sospecha en relación a estar categorizado como fibroadenoma conocido. Existe una discordancia entre esa ecografía, donde no explicita que sea este el nódulo de nueva aparición, y la información clínica que aporta la paciente. Una vez interrogada, nos confirma que el nódulo palpable es de nueva aparición y que ella no tiene constancia de ningún fibroadenoma conocido. Simplemente refiere haber explicado al ecografista que en ese pecho, hace 20 años, se le hizo una biopsia con resultado de benignidad.

Se hace el rastreo ecográfico y la imagen pasa a ser un nódulo de moderada-alta sospecha. Una simple palabra de ”fibroadenoma conocido” pudo llevar a desestimar hacer una biopsia y postergar un diagnóstico de una lesión de sospecha.

Es importante recabar los datos clínicos del paciente, nunca dar por sentada una información y detallar con seguridad los antecedentes en el informe.

  • CASO PROBLEMA N°2  

Paciente que se controla de un bocio con nódulos tiroideos, que requiere valoración citológica de uno de los nódulos por crecimiento de escasos milímetros y cambio en el informe de categoría TI-RADS 2 a TI-RADS 3 sin cambios en los criterios morfológicos de descripción. 

El nódulo presenta aspecto espongiforme benigno, pero el cambio en la categoría de benignidad a probable benignidad en el reciente informe ecográfico, genera angustia en la paciente. Recuperamos estudios previos sin observar cambios en dicho nódulo y se tranquiliza a la paciente.

Nos es fácil conciliar con nuestros informes previos, pero cuando el paciente pasa a ser valorado sucesivamente por diferentes radiólogos. En ocasiones podemos crear situaciones donde  nos parece que no hay discordancia entre los informes previos y el actual, pero para el clínico que lo recibe o para el paciente puede tener un significado de aumento de sospecha o de progresión de una enfermedad. No se trata de no ser críticos con el trabajo de un compañero, se trata de intentar ver el posible impacto de nuestros informes en la decisiones de los médicos que solicitan los estudios y en los pacientes. Si hay que cambiar el informe se cambia pero si hay que dar continuidad hay que reflejarlo con claridad.

La codificación de las categorías de diagnóstico como los sistemas Bi-Rads, Ti-Rads, Pi-Rads facilitan la comunicación entre los radiólogos y clínicos. Debemos cuidar que estos mismos sistemas no generen problemas de comunicación. Cualquier cambio de categoría debe llevar una justificación asociada. El origen de esta codificación es ser parte de la solución y no del problema.

  • CASO PROBLEMA Nº 3 

Una mujer con un cáncer de mama reciente, que requiere una valoración para una posible demanda judicial contra una mamografía previa al diagnóstico del cáncer, junto a la cual se realizaron estudios complementarios que descartaron malignidad. Más adelante, durante el proceso de diagnóstico, un profesional indica a la paciente que la neoplasia ya era visible en dicho estudio. 

Revaloramos los hallazgos y no encontramos manera de correlacionar la imagen previa con criterios de sospecha de la neoplasia actual. Retrospectivamente podemos deducir un probable origen de la neoformación pero sólo si se dispone del estudio actual. Esto es un hecho que ocurre en un porcentaje importante de los casos de cáncer de mama y que conocemos sobradamente. 

Es frecuente, en los pacientes con un diagnóstico de cáncer, tratar de encontrar una causa o culpabilidad conocida a su patología. Insinuar que existe un diagnóstico erróneo, en el cual se actúa correctamente, ampliando el estudio y descartando la malignidad por una ausencia de evidencia, y no por una mala praxis, no tiene ningún beneficio para los pacientes.  Ahondar en su dolor nada aporta.

En el reciente Congreso de la RSNA, pudimos escuchar a una reputada radióloga de mama admitiendo que todos los radiólogos de mama dejamos de ver algún cáncer y que la inteligencia artificial es una herramienta que urge en esta especialidad de imagen. 

Debemos cuidar la información que trasladamos a los pacientes, es una situación vulnerable y no debemos añadir más sufrimiento al diagnóstico. 

Comunicar hallazgos y diagnósticos a los pacientes es el futuro de la radiología centrada en las personas, pero debemos valorar qué información trasladamos al paciente para que esa información no genere más problemas que el propio diagnóstico.

Radiología como solución

La radiología debe estar orientada a solucionar una incógnita diagnóstica, un problema de salud de una persona. Debemos huir de una radiología meramente de lectura y descripción de hallazgos de las imágenes. Para lograr una radiología-solución, todo el proceso debe estar orientado a ello. Desde la obtención de las imágenes, la aportación de estudios previos, recopilación de datos clínicos, análisis y redacción del informe. Se trata de ser meticuloso. Muchas veces incluso es necesario un buen proceso de citación orientado a la obtención de imágenes o adjudicación del caso a un determinado profesional. De todo ello dependerá el resultado.

Reto nº 11

El reto para este mes es fomentar una “slow radiology” y ser parte de la radiología como solución y no de la radiología como problema. Preguntarse a uno mismo si con el resultado del estudio vamos a poder ayudar a resolver la incógnita que el clínico referidor necesita determinar, para el mejor tratamiento del paciente.

Todos creemos que damos nuestro mejor servicio, pero es imprescindible buscar nuestra orientación a formar parte de la solución a un problema de salud que atañe a una persona en concreto. La dolencia de cada paciente es única a pesar de que las patologías sean comunes.

He de reconocer que el tiempo es un recurso limitado en nuestros servicios pero para cuidar los detalles no sólo hace falta tiempo.

Resumen de los retos hasta ahora propuestos para aumentar la seguridad de los pacientes en el servicio de radiología:

  1. Verifica el nombre del paciente y la prueba a realizar.
  2. Conoce las reacciones adversas a los contrastes y su posible tratamiento.
  3. Traslada toda la información relevante en el cambio de turno. ¡Por escrito mejor!
  4. Respeto, no más interrupciones en el momento del informe del radiólogo.
  5. Por una radiología sin caídas accidentales.
  6. Detectar y comunicar hallazgos inesperados 
  7. Cada imagen en su archivo.
  8. El lavado de manos en radiología.
  9. Cuídate, cuídalos.
  10. Seguridad en la sala de resonancia magnética: formación!

¡Hoy vuelvo a pedirte que si te ha parecido interesante compartas este post! ¿Me ayudas?

Por un servicio de radiología más seguro para pacientes y profesionales.

¡Te deseo un feliz reto!

Pilar Manchón

 

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