Llega el fin de Octubre, el mes rosa dedicado al cáncer de mama. Sin duda con mayor penetración en la sociedad año a año. Como todo en la vida hay de todo en este mes rosa.

Detractores, fans y quienes ven en esto un motivo para sumarse al carro y para seguir hablando de lo suyo.  El mensaje que originó esta campaña pretendía dar visibilidad a esta enfermedad que azota a las mujeres en un 99% de los casos y dedicar una jornada a recaudar fondos para la investigación en esta enfermedad.

El cáncer de mama parece una enfermedad de supervivientes – casi el 90% sobreviven a los cinco años- pero la cifras de mortalidad siguen siendo contundentes. Cada año  son más de 6.000 mujeres en España  y más de 600.000 mujeres  en el mundo que pierden la vida por un cáncer de mama.

El final de la vida un tabú en nuestra sociedad.

Ante esta campaña del mes rosa plagado de historias de supervivientes quedan ocultas las historias de las mujeres que tienen un cáncer de mama avanzado y las que fallecen. A su dolor por tener mal pronostico y menor calidad de vida se suma ser un grupo minoritario dentro de su enfermedad. Algunas incluso rechazan la campaña rosa, que a su modo de ver, endulza esta cruel enfermedad obviando historias terribles que nunca verán la luz. Son historias que no venden. El tabú de la muerte rondando es uno de los más grandes de nuestra sociedad y esas mujeres lo sufren al igual que sus metástasis avanzando por sus entrañas. Su invisibilidad derrama un goteo de muertes aisladas que ni venden ni dan voz. Es hora de que esto cambie. Afrontar la muerte viéndola venir es duro pero no tener recursos para que nadie sepa acompañarte es la realidad en la que vivimos. Miradas que huyen, silencio o aislamiento acompañan a estos momentos en los que todos nos sentimos incómodos como espectadores e imagino de una soledad inmensa para los que fallecen.

El final de la vida es lo único seguro que tenemos escrito en nuestro destino desde el día en que llegamos a este mundo. Desafortunadamente esta realidad ha sido negada y escondida por generaciones. La ocultación de la muerte está presente en nuestra educación como personas y por supuesto es un tema al que escasamente hemos dedicado en nuestra formación como profesionales sanitarios.

Educamos a nuestros hijos para afrontar su futuro obviando algo que vivirán  seguro y aprenderán a digerir en solitario sin herramientas porque no les hemos querido dotar de ellas. Tarde o temprano vivirán la muerte de un conocido, un  abuelo, ojalá no de un padre o madre e incluso de un amigo antes de su mayoría de edad. Curioso, en esta sociedad sobreprotectora dejamos desprotegidos a nuestros hijos al albur de una experiencia que en mi caso recuerdo traumática.

Los profesionales de la salud hemos estudiado horas y horas dedicados a enfermedades que quizás nunca en nuestra vida tendremos ocasión de diagnosticar ni tratar y pasamos de puntillas por un proceso al que seguro vamos a tener que enfrentarnos más de una vez en la vida. Parece absurdo pero así es.

En este mes de octubre he vivido con dolor  la noticia del fallecimiento de una de las pacientes diagnosticadas hace unos meses. Me pesa las veces que intento transmitir positividad al momento del diagnóstico y sin embargo la muerte sigue pasando cuentas con algunas de ellas. En ocasiones he tratado de la muerte en el blog, como con otra de mis pacientes o con  Bimba Bose pero confieso que me cuesta dar salida a ese aspecto del cáncer de mama. Intento obviar esa posibilidad intentando evitar el dolor que la posibilidad de la muerte genera en ellas sintiendo dolor en mi a su vez por no poder garantizarles el éxito del tratamiento.

Historias de dolor.

La semana del 19 de Octubre en plena campaña fallecía Miriam una mujer de 39 años a quien no llegue a conocer y por quien confieso haber derramado alguna lágrima. Miriam con a penas 39 años  y dos hijas pequeñas dejaba este mundo hace un par de semanas. De su muerte se hace eco Eloisa, otra mujer de las más de 20.000 mujeres que conviven con un cáncer de mama en un estadio avanzado. Su entrada en su blog no deja a nadie indiferente. Derrocha dolor, valor y rabia en iguales proporciones. Ella es una de esas mujeres de las que rechazan esa campaña rosa que excluye la muerte y a las mujeres como ella. Por ellas y por todas aquellas que no han sobrevivido hoy quiero dar visibilidad al cáncer de mama metastático y al final de la vida.

Investigación.

De todas maneras campaña rosa o no, son estas las mujeres a las que la investigación debería cambiar su futuro. Sin campañas o con campañas las mujeres siguen temiendo la muerte al momento del diagnóstico, lo puedo leer en sus caras a diario pero lo peor de todos es que a pesar de todas las mejoras en los tratamientos y las mejores tasas de supervivencia, una de cada cinco seguirá perdiendo la vida. Entiendo su miedo que también es el mío.

¿Te parece que debemos promover la investigación? Yo creo que no debemos parar.

 

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