20 de Julio de 1969 a las 22:56 horas en Houston pero las 2:56 horas de la madrugada del 21 de Julio en España. Estas son las primeras palabras pronunciadas por el astronauta Neil Armstrong al ser el primer humano en pisar la superficie de la Luna en la Misión Apollo XI.

Neil-Amstrong-Footprint

El 20 de Julio es una fecha importante para mí por alguna otra razón, pero el recuerdo de la llegada del Apollo XI a la Luna es además casi el recuerdo más antiguo que conservo de mi infancia. En plena canícula de verano y en nuestras largas vacaciones escolares recuerdo habernos reunido con otros familiares en casa de veraneo de uno de ellos que disponía de. Una fiesta para todos mis primos ahí reunidos, ese día se nos permitía trasnochar imagino que por primera vez en la vida. A medida de que pasan los años mantener un recuerdo con fecha y hora de tu infancia va siendo cada vez más difícil pero esta efeméride que vemos celebrar cada año seguro que me va a permitir mantener mi recuerdo muchos años más.

El riesgo de esa misión espacial nunca antes vivida supuso ser todo un acontecimiento. Verdaderamente se trataba de una gran proeza que teniendo en cuenta la tecnología de la época todavía tiene más mérito a día de hoy. A todo ello se sumaba un final incierto, desde luego un record de audiencias televisivas de la época y un motivo de las familias para reunirse alrededor de la televisión a pesar de ser de madrugada en España. Todos esperábamos la retransmisión en el único canal de televisión (TVE) a cargo del recordado periodista Jesús Hermida. Recuerdo aquella televisión de blanco y negro y pantalla minúscula comparada con las de hoy en día.

 

Radiaciones en los viajes espaciales

Este año se conmemora el 48 aniversario y me preguntaba yo cuál era el riesgo para los astronautas frente a la radiación natural cósmica. En otra ocasión os explicaba el aumento de radiación natural que supone un viaje transoceánico. He investigado un poco sobre el tema y realmente unos de los peligros a los que se someten los astronautas es la radiación, de hecho esta misma radiación es una limitación absoluta para la supervivencia en Marte.

La radiación ionizante en el espacio proviene de tres fuentes principales: los rayos cósmicos, el campo magnético terrestre y el Sol.

  • Los rayos cósmicos se caracterizan por tener una gran amplitud en su rango energético (109 – 1020 eV), por lo que su peligrosidad para el ser humano fluctúa enormemente.
  • El Sol contribuye a la radiación interplanetaria con partículas del viento solar y fotones de alta energía (UV, rayos X y rayos gamma).
  • La magnetosfera terrestre, es decir el campo magnético de nuestro planeta, nos protege de las partículas energéticas de los rayos cósmicos y el Sol, pero a cambio atrapa algunas de estas partículas en determinadas zonas. Estas zonas se denominan cinturones de radiación Van Allen y representan la principal fuente de peligro para los vuelos tripulados en órbitas bajas y medias. Básicamente consisten en dos cinturones de electrones y uno de protones.

Radiacion-cosmica-01

La radiación más importante a la que se expusieron los astronautas podía ser debida a estos cinturones y a las tormentas solares. El paso por los cinturones de Van Allen supuso una exposición de apenas 30 minutos lo que pudo representar una dosis mínima y en cuanto a las tormentas solares la casualidad hizo que no coincidieran en el tiempo con las misiones tripuladas Apollo

 

Dosis de radiación

Una radiografía típica nos proporciona una dosis equivalente de 0,1 mSv (0,02 rem), mientras que a lo largo de un año todos recibimos unos 2-5 mSv (0,3-0,5 rem) debido a las fuentes de radiación naturales que nos rodean, incluidos los rayos cósmicos que consiguen atravesar la atmósfera (la media mundial es de 2,4 mSv/año).

A pesar de que en la década de los 60 todavía no se entendía muy bien la dinámica de los cinturones de radiación, la NASA ya era consciente de su peligro para las misiones tripuladas. De hecho, la agencia aeroespacial norteamericana lejos de infravalorar el riesgo de los cinturones Van Allen y las partículas solares, dio una enorme importancia a este tema incorporando instrumentos de medida (dosímetros y sensores).

Cada nave llevaba un instrumento específico para medir la radiación al atravesar los cinturones de radiación, el denominado instrumento VABD (Van Allen Belt Dosimeter). Además, cada astronauta portaba un dosímetro personal (PRD, Personal Radiation Dosimeter) con el fin de medir la dosis acumulada. Este aparato era transportado en los bolsillos de los trajes de vuelo. El dosímetro personal disponía de una pequeña pantalla que mostraba la dosis acumulada en un momento dado y, cada 12 horas, debiendo los astronautas  registrar y comunicar a Houston la lectura de las dosis.

dosis-media-radiacion-absorvida-en-las-misiones-ApoloAdemás del dosímetro personal, los astronautas llevaban tres dosímetros pasivos repartidos por distintas zonas de la ropa (pecho, tobillo y muslo) para ser analizados después del vuelo.

Las tripulaciones tenían también a su disposición un medidor de radiación portátil para comprobar los niveles de radiación en distintas zonas de la nave. La radioprotección de los tripulantes fue una de las preocupaciones importantes de la NASA.

En cualquier caso, las dosis medidas durante las misiones Apolo resultaron ser muy inferiores a las esperadas y claramente por debajo de los límites operativos que se habían marcado.

 

Aunque las dosis de radiación entraron dentro de los parámetros estimados, recibieron ciertas dosis que aumentaron las probabilidades de sufrir enfermedades. Lejos de lo esperado no se ha observado un aumento de la incidencia del cáncer pero si se ha observado un aumento de patología cardiovascular. En un estudio titulado Apollo Lunar Astronauts Show Higher Cardiovascular Disease Mortality: Possible Deep Space Radiation Effects on the Vascular Endothelium. En el estudio se analizaban los efectos de la radiación producidos en la magnetosfera para elaborar la probabilidad de sufrir una enfermedad cardiovascular, los resultados mostraron que no hubo diferencias en la tasa de mortalidad por enfermedades cardiovasculares entre los astronautas que no realizaron vuelos al espacio (9%) y los que realizaron misiones a una órbita terrestre baja o LEO (11 %). Sin embargo, la tasa de mortalidad de origen cardiovascular entre los astronautas de las misiones lunares Apolo (43%) fue de entre 4 a 5 veces mayor que en los que no volaron y los astronautas que realizaron las misiones LEO.

No obstante, el profesor de ingeniería y medicina del Darmouth College, Jay Buckey, afirma que la cientificidad del estudio podría ser cuestionada, por la pequeñez de la muestra, pudiendo influir otro tipo de factores (genéticos, colesterol, tabaco, etc.) y no sólo la radiación espacial.

Si alguien quiere saber más de este tema os recomiendo este post del  astrofísico y divulgador Daniel Marín, en Naukas.

 

Los rayos X otro paso de gigante para la humanidad

No dejo de pensar en otro gran día de 1895 cuando Röntgen obtenía la imagen de los huesos de la mano de su esposa Bertha, la primera radiografía de la historia. Otro pequeño paso que sería un paso de gigante para la humanidad. El descubrimiento de los rayos X ha permitido cambios en el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades inimaginables hasta entonces, sobretodo en el campo de la oncología.

¿Te imaginas vivir sin los avances que han supuesto el radiodiagnóstico o la radioterapia?

Rontgen-radiografia

 

Os dejo un vídeo de las imágenes del alunizaje

 

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