Confieso que no me interesa en absoluto el fútbol. He llegado a estar en un Barça-Madrid leyendo un libro y de espaldas a la pantalla en un bar rodeada de apasionados por el fútbol sin contagiarme para nada de sus emociones.

Por el contrario en mi familia y en concreto mi pareja tienen una afición sin medida y eso me hace compartir muchas horas de fútbol. Aprovecho para evadirme leer, escribir y a pesar de estar ahí delante de la pantalla no enterarme de mucho, como mucho del resultado. Sobre todo por las emociones que produce en la familia.

El pasado miércoles era uno de esos días. Mi marido me había anunciado que era un día importante y como siempre informado de la hora de inicio del partido. El Barça, el equipo de sus amores, necesitaba remontar un resultado adverso y yo debía estar a su lado apoyando.

El partido iba avanzando y yo enfrascada en mi ordenador seguía con mi presentismo habitual los goles del partido. Parecía que la remontada era posible en la media parte del partido. Aprovechábamos para cenar con las buenas noticias.

Durante la segunda parte el Paris Saint Germain aumentaba un gol para la remontada y eso alejaba las posibilidades de recuperación. Yo seguía escribiendo algo para el blog, un gran beneficiado de mis horas de fútbol 🙂

A tres minutos de finalizar el partido hacían falta tres goles para remontar pero un cuarto gol del equipo de Barcelona cambiaba los ánimos en casa y en el campo. Yo empezaba a interesarme. El tiempo de descuento del partido era de cinco minutos y todavía un milagro era posible. Y así fue, en esos escasos minutos dos goles más y volvían local a la afición incluida una servidora!

Me había atrapado el milagro. Los teléfonos móviles y los grupos de whatsapp de todos los de casa iban locos!  ¡Alegría desbordada, gesta histórica, lo imposible hecho posible!

En mi cabeza no dejaba de pensar en que la actitud del equipo había sido el artífice de la gesta. Cuando a menos de tres minutos hacían falta tres goles sólo una actitud positiva podía permitir seguir concentrado y coordinado al equipo. Ser testigo de esa motivación me había atrapado.

Al día siguiente las buenas vibraciones del equipo se notaban en el ambiente. La felicidad se notaba en el aire.

Remontada de emociones

La hazaña de los futbolistas se ha convertido en un ejemplo para mí. Algo con lo que motivarme y ayudar a motivar a los demás, incluyendo a mi equipo (unos cracks dignos de cualquier trofeo).

En la Unidad de mama vivimos el desespero de muchas mujeres cuando se plantea una biopsia y se abre la posibilidad de un diagnóstico de un cáncer. Muchas veces intento transmitir que hasta que no hay un diagnóstico no vale la pena el desespero. Soy consciente de que son momentos difíciles pero si después el diagnóstico es benigno habrá sido un dolor inútil y si el diagnóstico es de malignidad ya habrá tiempo para asumirlo y pasar ese duelo. Sé que es muy difícil controlar esas emociones y muchas veces me gustaría poder ayudar más de lo que en mis manos y palabras está.

Durante el tratamiento ocurre de la misma manera. La actitud marca definitivamente como se vive el tiempo de ese tratamiento. Son muchos meses y hay que buscar esa motivación que nos lleve a la alegría de haber conseguido lo imposible. Para algunos remontar unos goles en contra, para las mujeres con las que comparto mi vida superar la enfermedad, superar los tratamientos, en definitiva: vivir.

Por eso hoy quiero transmitir que el control y la actitud pueden llevarnos a resultados y gestas altamente improbables y que hasta el final no hay ningún partido perdido.

Hoy este post va dedicado a Bea!

 

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  1. Bea Fernández says:

    Doctora, totalmente de acuerdo en que la actitud es fundamental porque, según la que adoptemos. las cosas pueden llegar incluso a cambiar el resultado, hace tiempo que estoy convencida que es así. Me quedo con la frase “La actitud marca definitivamente cómo se vive el tiempo de ese tratamiento”. Las pacientes intentamos contener los nervios y el desespero, pero no siempre es fácil, y es que gestionar esas emociones…es lo más difícil, aunque en su centro, yo personalmente encuentro siempre el trato sensible y humano que necesito. Ah, y soy culé, casi al mismo extremo que su marido, y disfruté y enloquecí también con el partido.
    Muchas gracias por sus palabras y dedicatoria.

    • Dra. Pilar Manchón
      Dra. Pilar Manchón says:

      Muchas gracias Bea, igualmente un placer contar con tu confianza como paciente y permitir que aprendamos de tu experiencia .
      Y me alegro de que disfrutases del partido!
      Un abrazo,
      Pilar

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