No, no os asustéis. No se trata de ninguna fórmula química 😉 Es tiempo de buenos propósitos y de desear lo mejor a nuestros prójimos y no voy a faltar a esta buena costumbre. Es más, me propongo que mis deseos sean mi objetivo para 2017: más Humanización de la sanidad y más e-salud.

Estaba pensando en escribir este post, cuando una anécdota de mis vacaciones me sacó de mis casillas. Os contaré por qué.

Un caso de Navidad

Vivir en una gran ciudad es un privilegio para la salud que no somos capaces de valorar a diario sobre todo los que hemos nacido en grandes ciudades, en mi caso Barcelona.  Pero tener un origen en un pequeño pueblo te proporciona una visión de las ventajas y de los problemas que a diario se enfrentan millones de personas que no habitan en las grandes urbes.  Este es mi caso. Mi familia de origen en el Valle de Benasque me permite tener ese arraigo que me hace sentir un poco parte de esos ciudadanos a veces privilegiados con su estilo de vida y en constante contacto con la naturaleza y otras veces perjudicados por su lejanía de los servicios sanitarios, de la educación…

En Navidad unos días en ese pequeño valle, me devuelven ese sentimiento de ese origen y me dan la oportunidad de reencontrarme con familia y amigos y apasionarme con sus paisajes. La vida de un pequeño pueblo resulta bastante atractiva si estás de vacaciones y eres un urbanita.

Era un 30 de Diciembre a las ocho de la tarde. Acababa de entrar en el Bar de Casa Juan en Castejón de Sos, un lugar de encuentro y de conexiones a veces inimaginables ni en el mundo de Twitter ni de otras redes sociales. Su propietario Juan es un genio del networking de envidiable capacidad para las relaciones públicas con sus clientes.

Al verme entrar, una amiga me vino a buscar para informarme que alguien de la familia no se encontraba bien y había tenido que acudir al centro de salud del pueblo y que me buscaban. Cuando eres el médico oficial de la familia las noticias de salud siempre te llegan en pocos minutos.

Tras interesarme por la persona afectada quedamos a la espera de la valoración del médico de guardia, no parecía nada muy importante. A los pocos minutos mi familiar me proponía pasarme por el centro de salud para recibir las noticias de la doctora. Rápidamente me personaba en el centro y la doctora me trasladaba sus hallazgos. Había una pequeña duda de un muy improbable diagnóstico en el electrocardiograma y además, quizás era necesaria una placa de tórax para valorar otras posibilidades pero todo eso y consultar por el electrocardiograma requiere un traslado al hospital. La paciente estaba mejorando pero esa pequeña duda, la falta de otros recursos y 90 km de distancia al hospital comarcal más cercano, valían para que la decisión fuera trasladar a la paciente con una ambulancia al hospital de Barbastro.

En mi mundo, donde las radiografías siempre están al alcance de los pacientes no podía imaginar ambulancias que se desplazan por carreteras de curvas y congostos casi un centenar de kilómetros para conseguir una preciada imagen. No hacía ni tres semanas que había podido conocer el nuevo equipo de RX de las cercanas pistas de esquí de Cerler y el centro de salud de una comarca de 5.000 habitantes ¡no disponía de dicho servicio! A penas 20 Km nos separaban de la durmiente y preciada máquina de rayos X en las pistas de esquí. No me podía resignar. La enfermera del centro de salud insistía en que aunque dispusieran de aparato de RX necesitarían un radiólogo para su interpretación. Yo insistía que eso era fácilmente subsanable con una conexión de internet con el radiólogo de guardia del hospital de referencia. El coste de los viajes en ambulancia no es despreciable.

Carretera de salida del Valle de Benasque esta misma semana.

Carretera de salida del Valle de Benasque esta misma semana.

De inmediato se me ocurría enviar a una colega cardióloga unas fotos del electrocardiograma y en unos minutos ella me contestaba aclarando que no había motivo de preocupación. Lástima que la decisión de la doctora ya estaba tomada y la ambulancia avanzaba por la carretera rumbo al hospital.

Por el camino mi familiar se preguntaba cual era el número de ambulancias del Valle. Los sanitarios que la acompañaban contestaron que una sola. La paciente inmediatamente se sentía culpable de ocupar este servicio pudiendo privar de él a alguien más necesitado que ella. ¡Qué situación más difícil la coincidencia de dos servicios! Puede que sea improbable pero no imposible. En el valle se practican deportes de riesgo como los deportes de montaña o el parapente que supongo que darán lugar a todo tipo de accidentes.

Pero afortunadamente el caso tenía un final feliz. Una noche en un box de urgencias y de vuelta a casa en coche con sensación de resaca de fin de año prematuro y ese pequeño dolor que ha quedado en la zona.

 

Esto no es más que una anécdota pero disponer de ciertas tecnologías  y cierta e-salud supondría una mejora en la calidad asistencial  para cinco mil personas más los turistas que acuden a la comarca además de para los profesionales de la salud que les atienden. Y desde luego  Humanizaríamos algo más el proceso asistencial de esas personas que viven la angustia de ese traslado por las carreteras llueva, hiele o nieve que se suma a su enfermedad más o menos grave. Podéis imaginar la de anécdotas que se habrán vivido en esas carreteras.

 

Desde aquí os deseo para este año 2017 mucha e-salud y mucha Humanización de la sanidad.

Os dejo un vídeo de otros muchos compañeros que también desean mucha e-salud para el año 2017!

 

 

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