Hace unas semanas me gustó leer una Contra de La Vanguardia en la que un experto en comunicación corporativa hablaba de felicidad en la empresa.

El mensaje que proponía me sonaba cercano: La felicidad depende un 10% de lo que te ocurre y un 90% de cómo vives lo que te ocurre. La vida puede robártelo todo menos una cosa: ¡la actitud! Rezaba el titular.

Actitud y enfermedad

En la consulta a diario vivimos momentos importantes en la vida de las pacientes como cuando surge una duda que requiere nuevos estudios o alguna biopsia o cuando comunicamos un diagnóstico. La actitud de los pacientes en esos momentos varía mucho de unos a otros y me ha permitido observar durante años muchos casos con actitudes similares.

En ocasiones, la actitud de los pacientes puede ser extremadamente negativa y cualquier intento por rebajar su ansiedad fracasa con facilidad.  Ver su sufrimiento desespera sobre todo a la familia que los acompaña. Todos tienen miedo, pero cada paciente lo vive de manera diferente y hay que saber respetar el duelo de cada persona ante la noticia de un cáncer.

Hace unas semanas, vivíamos uno de esos casos en la consulta. Diagnosticamos un cáncer de mama y al comunicarlo la paciente no tenía consuelo. Su familia intentaba ayudarla y utilizaban cada palabra que yo comentaba para animarla diciendo la suerte que había tenido, agarrándose a cualquier detalle positivo del caso. Lejos de ayudarla, la actitud positiva de su familia le provocaba rabia por su incomprensión. Para la paciente cada una de mis palabras era incertidumbre y miedo. Cuando eso ocurre es una situación difícil de manejar. La paciente presupone que todo va a ir mal y es difícil de rebatir porqué realmente no podemos predecir al 100% la evolución de la enfermedad. Prometo estudiar herramientas para afrontar sucesivos casos similares.

Afortunadamente, son muchas las ocasiones en las que la actitud frente al diagnóstico de un cáncer de mama es extremadamente positiva. Cualquier información proporcionada sirve para consolar a la paciente y la sensación para los profesionales de la salud es reconfortante. Curar a veces, aliviar a menudo y consolar siempre forman parte del papel del médico.

El diagnóstico es el mismo pero la actitud del que lo recibe es lo que cambia. La percepción de lo que ocurre o va a ocurrir es muy diferente. Nosotros, los profesionales de la salud apenas podemos hacer nada en esos momentos, la actitud del paciente lo marca todo.

Realmente nuestra capacidad de adaptación a sucesos imprevistos en la vida está altamente condicionada por nuestra actitud y eso me lleva a reflexionar.

Actitud en el trabajo el mejor trampolín para el éxito

Mi experiencia trabajando con un equipo grande de personas es similar. El éxito o la progresión de las personas en su entorno laboral dependen exclusivamente de la actitud. Esta, en el trabajo lo es todo, por encima de los títulos profesionales o las competencias técnicas más complejas.

En un buen equipo la actitud positiva marca la diferencia. Es una cualidad que valoro mucho de mi equipo. La actitud de cada persona es algo fácil de ver por un observador externo pero que tanto nos cuesta ver de nosotros mismos.

La buena noticia de todo esto es que la actitud se puede trabajar y cambiar. Si no puedes cambiar lo que ocurre en tu vida prueba a cambiar cómo lo percibes. ¡Tú eliges, tu felicidad está en tus manos!

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