Este post vagaba en mi mente hace semanas, desde que supimos la noticia del niño no vacunado enfermo de difteria. Esperaba que el niño superara la enfermedad y justo cuando me disponía a escribir este post he conocido la noticia de su fallecimiento. Desde aquí, mi más sentido pésame a la familia y un llamamiento a las instituciones sanitarias para que nunca más ocurra esto con otro niño. A los medios de difusión les pediría prudencia al difundir información que pueda llevar a resultados tan trágicos como el que estamos viviendo.

Cuando salió la noticia, muchos profesionales de la salud y en especial los pediatras, dedicaron sus blog a explicar la importancia de las vacunas para la protección individual y colectiva de toda la población. Entre la información que corre por la redes sociales, me llamó la atención una pediatra que decía que mientras en África una madre puede caminar 50 kilómetros para vacunar a sus hijos aquí nos permitimos el lujo de rechazarlas.

Hace un par de días durante una entrevista, el Presidente de Médicos sin Fronteras, José Antonio Bastos, declaraba: “El debate sobre las vacunas es de sociedades acomodadas que no han visto morir a niños de sarampión”. Sus palabras me parecieron impactantes.

Los profesionales de la salud debemos actuar en relación a las evidencias científicas que se conocen sin que con ello debamos renunciar al espíritu crítico e investigador que ha caracterizado siempre a la ciencia. No obstante hay evidencias con suficiente solvencia como sería la protección, erradicación de enfermedades y los millones de vidas salvados que han propiciado las vacunas que me cuesta entender que sean cuestionadas. Ni un caso de difteria desde el año 83 supone un 100% de protección y eso en medicina son palabras mayores.

Me declaro fan incondicional del progreso y por eso nunca he entendido el rechazo a las comodidades que éste nos ha aportado. Cuando practicaba ecografía obstétrica me costaba entender como unos padres podían preferir no saber el sexo de su bebé cuando para nuestros padres hubiera sido todo un lujo. Recordaba la anécdota de mis padres sobre cómo descubrieron en los años 60 que mi madre estaba embarazada de gemelos en la época en que no existían ecografías. El único indicio fue un doble latido cardíaco a los ocho meses de embarazo y, como prueba, una radiografía que reveló la existencia del esqueleto de dos fetos. Hoy en día tenemos imágenes desde las primeras semanas y ecografías en 4D, podemos ver los gestos que reconoceremos en nuestros hijos después de nacer, etc.

Me dolió pensar que Steve Jobs, alguien con probada inteligencia y todo el dinero del mundo, fallecía por una enfermedad que hubiera podido ser curada de no haber perdido el tiempo con medicinas alternativas. Realmente, éste es un debate presente únicamente en las sociedades ricas. La medicina no tiene alternativas, aunque sí que existen técnicas complementarias que se pueden ir sumando a las de la medicina más tradicional. La medicina alternativa es un fiasco que no deberíamos permitir que existiera. En ocasiones, ni siquiera tiene ningún efecto sobre la curación de los pacientes, se aprovechan de que son procesos banales y autolimitados, como en el caso de la homeopatía. Pero otras veces cuestan la vida de personas, como en el caso de Steve Jobs o el niño que ha fallecido hoy.

Ya en mi post sobre la radiación amiga os explicaba la importante aportación de los rayos X en el diagnóstico y el tratamiento de muchísimas enfermedades. Recuerdo de mi infancia la gran aportación del escáner (TAC) a las enfermedades del sistema nervioso, ver el interior del cerebro de forma no agresiva supuso un antes y un después. Lo mismo ocurrió con la aparición de la ecografía y la resonancia magnética. Volver atrás estos últimos 40 años sería impensable para ningún profesional de la salud. Pienso a menudo lo injusto  del recelo y rechazo a la radiación que manifiestan algunas pacientes. El manejo responsable de la radiación nos aporta grandes beneficios.

Las vacunas, los antibióticos, la antisepsia, la anestesia, las radiaciones, las técnicas de imagen… han salvado millones de vidas sin que seamos conscientes de ello. Para los profesionales de la salud formados con todas estas herramientas  y que ejercen en zonas del  tercer mundo, como Médicos Sin fronteras, son evidencias irrefutables; pero nuestra percepción de riesgo y seguridad es tan grande que nos permitimos el lujo de cuestionarlas.

En el caso del cáncer de mama, de los varios cientos de casos que vemos al año puedo recordar perfectamente tres casos de personas jóvenes con elevado nivel cultural y cobertura de un seguro privado y de la sanidad pública que rechazaron la medicina tradicional. A pesar de que para mi era evidente que se jugaban la vida, mi actitud ha sido siempre de informar y respetar su decisión. Una de ellas perdió la vida con escasos 37 años con gran rabia por mi parte. La segunda de mis pacientes pude seguirla durante un año mientras seguía su tratamiento alternativo y su enfermedad progresaba. Al final, reconoció que había perdido el tiempo y una enorme cantidad de dinero y aceptó el tratamiento convencional. En unos seis meses de quimioterapia la enfermedad había desparecido y su felicidad y la mía era completa. Recuerdo la primera vez que la visité y le hice la biopsia durante la semana previa a las vacaciones de Semana Santa. Corrimos para tener el diagnóstico antes de las vacaciones y que pudiera empezar el tratamiento cuanto antes. Ver que había perdido un año me hacía sentir impotente. La tercera paciente igualmente al cabo de unos meses comenzó a aceptar parcialmente el tratamiento convencional. El miedo al cáncer y a la quimioterapia son el caldo de cultivo de estas decisiones pero mi desazón es que existan personas capaces de engañar a la gente y de jugar con sus vidas. Algo deberían hacer las instituciones para pararles los pies. No deberían poder actuar impunemente.

Desde aquí no puedo decir nada más que si tienes un cáncer no pierdas el tiempo ni tu dinero en medicinas alternativas pues no he conocido ninguna que funcione. El cáncer de mama es una enfermedad potencialmente mortal si no se trata adecuadamente.

Disfruta del lujo de tener acceso a la medicina que en otros países no tienen.

 

 

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