Las recientes matanzas y atentados de esta primera semana de enero del 2015 han golpeado nuestras vidas.

Las imágenes de una persona rematando a otra herida en el suelo no han dejado de dar vueltas en mi cabeza. Dos mil personas masacradas en Nigeria y otros muertos en atentados de nuevo en Pakistán han pasado desapercibidos por el dolor del vecino país pero no dejo de imaginar el sufrimiento. Supongo que ver con nuestros propios ojos parte del atentado de París y sentirnos más próximos en el espacio y en cultura nos ha impactado con mayor facilidad. Todos son vidas para mi igualmente valiosas.

Me pregunto desde hace días ¿qué valor tiene una vida humana?

Para mí, como madre y médico, el valor es muy alto. Infinito. Cuando te pasas el día intentando arañar vidas a la enfermeda, el sentimiento de estupor que te provoca que alguien voluntariamente termine con la vida de otra persona es inevitable. Hoy me siento ridícula luchando por algo que se menosprecia con cierta facilidad.

El esfuerzo de la ciencia y de los profesionales de la salud es un lujo que disponemos a nuestro alcance que resulta absurdo cuando el valor de la vida se pierde.

Soy consciente que el valor de la vida ha ido evolucionando y que nuestra historia esta llena de episodios  de violencia y muerte que hoy en día en nuestra cultura serían imposibles de aceptar. Aún así no me consuelo. No dejo de pensar en esas personas que pudiendo elegir, eligieron acabar con la vida de otro.

Hoy no puedo dejar de pensar en el valor de la vida. Y para ti ¿cuánto vale una vida?

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